El día del orgullo ultra
Hoy, muchos de los que hasta ahora se habían escondido bajo una piel de cordero centrista y moderada van a salir del armario. El PP ha conseguido resucitar a la extrema derecha española, que ellos mismos habían arrinconado. Han perdido el oremus, el rumbo, el sentido común y la decencia. No se puede ser más hipócrita y manipulador. Y lo peor es que la gente traga lo que le echen.Ayer noche me crucé con un grupo de manifestantes que volvían de la Plaça Sant Jaume de Barcelona. Sus comentarios eran para hacer una chirigota. Sus argumentos parecían salir de una comedia de situación. Sólo faltaban las risas enlatadas. No tenían ni idea de quien ha reducido la pena de De Juana (la justicia y no el gobierno), que lo mismo había hecho el PP en su día de la mano de Oreja, Rajoy y Acebes excarcelando a una cincuentena de terroristas, es igual. No escuchan más que lo que les interesa escuchar. No se puede razonar, ni siquiera hablar con ellos. Ayer, más de un periodista de los medios “enemigos” tuvo que marcharse sin poder hacer su trabajo a riesgo de ser agredido.
Los años de vómitos hercianos han dado su fruto. Hoy Don Federico tendrá una erección descomunal cuando vea Madrid llena de banderas españolas y a cientos de miles de ciudadanos “de bien” machacando a Zapatero hasta su muerte política. Se correrá entre espasmos cuando suene el himno nacional. El orgasmo será sideral y ellos se encargarán de recordarlo durante meses.
Como has podido deducir, yo no pienso asistir a manifestación alguna. Yo no soy un ciudadano de bien de los que ha convocado Rajoy. Yo soy un tipo malísimo, que tiene la indecencia de pensar diferente, de no dejarse manipular, de informarse antes de hablar y de reflexionar en frío lo que tu boca quiere decir en caliente. Aunque soy más malo que la tiña, no me importa que la gente se manifieste y exprese su opinión. La calle es de todos y cada cual hace lo que cree que es justo. Otra cosa es la táctica del estás conmigo o contra mí. Lo siento, no estoy contigo ni contra ti.
Pero insisto. Mi alto grado de criminalidad política me impide estar al lado de los ciudadanos de bien. Creo que esta tarde iré a entregarme a una comisaría y autoinculparme de ser una desgracia ciudadana, una indecencia para nuestro sistema democrático. No soy digno de pertenecer a éste país. ¡Perdonadme porque no sé lo que me hago!
Que tengan ustedes un buen día del orgullo ultra.
